SOY DOULA

Me formé como doula gracias a matronas, pediatras, psicólogas y ginecólogos que decidieron que la figura de la doula es importante aunque ellos ya existan. Que es una profesión válida, con sentido y libre de existir. No es una profesión INTRUSA porque no realiza funciones para las cuales no tiene un título. Y esto es así de sencillo. Intrusismo es el “ejercicio de actividades profesionales por persona no autorizada para ello”.

Una doula NO realiza actividades sanitarias, no hace tactos, ni ecografías, ni terapias psicológicas, no pone vías ni lanza recetas, no diagnostica ni efectúa tratamientos. En su formación de doula NO ha estudiado nada de eso, ni tiene la titulación, por lo que no es competencia suya y NO LO HACE.

Una doula ha asistido a una formación donde otro tipo de profesionales titulados, le han dado información sobre la mujer embarazada y la reciente mamá, para que conozca y reconozca todo lo que envuelve e invade a una mujer es ese periodo de su vida y pueda ACOMPAÑARLA desde la empatía, el apoyo, la comprensión, el respeto y el amor.

Una doula ha estudiado qué es el ACOMPAÑAMIENTO, eso de ir al lado de una persona, presente, sin influir sobre ella, pero haciendo una labor importantísima de sostén físico y emocional: si tropieza la sostienes, si cae la contienes, pase lo que pase, viva lo que viva estás con ella respetando sus procesos. Cosa que muchos profesionales titulados desconocen y violan ejerciendo su poder constantemente en las consultas.

Una doula se ha formado principalmente en herramientas psicológicas sobre el acompañamiento, y ha estudiado aspectos de la mujer y las etapas del embarazo, el parto y la lactancia para comprender y distinguir los procesos que atraviesa. Porque acompañar sin empatizar, sin entender, sin distinguir, no es acompañar, es solamente ESTAR A SU LADO (literalmente).

Una doula ACOMPAÑA. Cosa que no es tarea fácil: sin influir, sin dirigir, sin recomendar, sin opinar. Con amor, con respeto, con empatía, con mucha conciencia.

¿Alguien me puede decir DONDE ESTÁ EL INTRUSISMO?

El instrusismo está en aquellas doulas que ejerciendo la mala praxis se han salido del acompañamiento, o lo han realizado mal, influenciando, dirigiendo, recomendando, opinando. Al igual que en TODAS las profesiones, existen ciertas personas que no entienden de límites ni de moralidad, y hacen lo que les viene en gana. También hay matronas u otros profesionales intrusos o que ejercen la mala praxis. Que han realizado labores que no les corresponden, que han metido la pata hasta el fondo con mujeres haciendo de “lo que no son” y recomendando barbaridades. Repito, como en TODAS las profesiones.

Aquí el problema NO LO TIENE LA PROFESIÓN, lo tiene aquella persona que dentro de la profesión ejerce la mala praxis. ¿Por qué atacar a la profesión entera?

LA PROFESIÓN DE LAS DOULAS DEBE SER REGULADA Y RECONOCIDA. Para que sea más fácil, todas las doulas deberíamos estar registradas en nuestra actividad. Sería más fácil controlar y penalizar la mala praxis. Como ocurre en el resto de profesiones reconocidas oficialmente.

El problema de hoy tiene dos puntos clave.

UNO: QUE SE CONOZCAN CUALES SON LAS VERDADERAS FUNCIONES DE UNA DOULA (y no cada uno se piense que hacen una cosa, porque no es así). Para que el resto de profesiones se queden tranquilas de que NO les estamos quitando su trabajo, ni queremos ser como ellas sin estudiar su carrera.

DOS: QUE SE REGULE LA PROFESIÓN y se le otorgue el espacio que se merece, ni más ni menos.

Hasta el día en que esto ocurra, yo aconsejo a las mamás que buscan doulas, que lo hagan siempre recomendadas por personas de confianza, o que acudan a la AED (Asociación Española de Doulas) para obtener alguna recomendación. Bueno, les recomiendo que se informen y que no confíen ciegamente EN NINGÚN PROFESIONAL; mejor que sea una confianza basada en el conocimiento del otro, en la relación directa y en la conexión mutua.

España es mucha España, eso lo sabemos todos. ¿Libertad de pensamiento? ¿Libertad de elección? ¿Confianza en los demás? La poca que puede haber nos encargamos nosotros mismos de arrebatárnosla.

Nos controla un materialismo que ni siquiera vemos, un individualismo que no percibimos…

Hay que abrir los ojos un poco más a nosotros mismos, a nuestro interior, a lo que de verdad somos. No a lo que nos han contado que somos, ni a lo que nos han querido convertir.

Creo que cuando una persona conecta consigo mismo desde la Conciencia Propia, y no desde la influencia ajena, se manifiesta un cambio. Las doulas, las que de verdad hacemos lo que hace una doula, las que estamos comprometidas con nuestra labor, con las mujeres que nos eligen, las que empleamos un gran esfuerzo en nuestra vida por saber acompañar desde la libertad y el respeto (luchando contra lo que nos envuelve y lo que nos ha hecho crecer) sabemos conectar con nosotras mismas desde ese punto. Y eso es lo que ha generado este cambio. Esta Revolución, este Caos. Esta Crisis.

Pero yo estoy tranquila, tenía que llegar, para seguir evolucionando y no quedarnos anclados al sometimiento del poder, del miedo, de la violencia.

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MADRE PRESENTE, MADRE CONECTADA.

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Yo, como muchas madres, me paso el día luchando. Lucho por aquello que no tengo pero que quiero darle a mis hijas. Y en mi caso no es material.

¿Cómo conseguirlo? Creo que es un camino personal al que hay que abrir los ojos poco a poco.

Cada madre tiene su historia escrita dentro de sí misma. Partes de esa historia son conocidas, y otras partes no. Pero todas esas partes nos constituyen y nos sostienen en nuestro quehacer y en nuestro sentir de madres el día de hoy.

A veces me encuentro enjaulada en emociones o pensamientos nada productivos, a veces me encuentro atada y parece que intento escapar…, pero no lo consigo.

Hay una parte de mí que conoce y comprende a mis hijas. Hay una parte de mí que no las quiere escuchar.

Hay una parte de mí que conoce y comprende a la madre que soy. Hay una parte de mí que no la quiere escuchar.

Qué “fácil” es educar como si yo misma fuera una niña. Sin madurez, sin responsabilidad, sin conciencia. Pero eso no es educar a mis hijas. Eso es abandonarlas.

Cuando decido educarlas, decido abrir los ojos a mi propia educación. A la que me dieron mis padres, a la que me regaló la vida, a la que yo misma decidí tomar. Decido además mirarla con ojo crítico, conocer otras maneras, otros caminos. Decido escuchar esa voz interna que me recuerda que cuando yo era niña a veces necesité y no obtuve, pues mis hijas ahora me lo dicen a gritos (a veces literal).

Debo estar PRESENTE para ellas. ¿Siempre a su lado? ¿Siempre a su disposición? No. Pero siempre conectada con ellas. Siempre en sintonía, en pensamiento, en deseo, en amor, en esfuerzo, en empatía, en comprensión.

No importa cómo gire el mundo a mi alrededor. Pues cada vez que sucumbo a la seducción del mundo exterior, fallo a la conexión que tengo con mis hijas. Que el momento de maternaje es AHORA. No cuando ellas lleguen a la edad adulta. Que ahora nos une algo tan fuerte y tan valioso para ellas, que es un delito mirar para otro lado. Pues ESO que nos une hoy es lo que quedará en ellas el resto de sus vidas.

Cuando estoy a su lado redactando un mail o recreándome en una red social en mi Smartphone, o cuando la siento a ver televisión para terminar mis tareas. Cuando ceno sentada entre ellas callada, pensando en mis cosas. Cuando tengo prisa por acostarlas para poder ducharme o leer, o tender la ropa.

En cada una de esas situaciones rompo la magia que nos une. En cada una de esas situaciones las dejo solas, vacías.

Ellas necesitan de mí que esté PRESENTE. Que las mire a los ojos, les sonría, les acaricie, piense en ellas. Cada momento para ellas sin mi PRESENCIA es un momento perdido de sus infancias, y es un pozo sin fondo en su adultez.

Y no hablo de que yo no tenga derecho a momentos de intimidad o relax. Claro que los debo tener. No digo que el móvil sea un malvado aparato destruye-vínculos siempre, solo cuando lo uso mal.

Pero no puede pasar un día tras otro en los que en mi vida de adulta no me deje conectar con mis hijas. No debe mi hija acostumbrarse a que su madre siempre esté ocupada en cosas ajenas a ella.

Como adulta sé organizarme, sé hacer esfuerzos, sé superar retos. Ser madre es un continuo de estas cosas.

Como madre debo organizar mi vida de tal manera que el mundo exterior no rompa mi lazo mágico con mis hijas. Nuestra conexión es sagrada.

Como madre debo hacer esfuerzos para estar PRESENTE ante ellas, desde mi interior, cada segundo que pasa. En voluntad, en deseo y en pensamiento.

Como madre debo superar el reto que es en esta vida ser madre siendo niña.

Porque hoy sigo siendo aquella niña que fui, y tengo que superar mi infancia para acompañar de verdad a mis hijas en las suyas.

¿Qué ves en la mirada de la mujer de la imagen? ¿Te atreves a definir los pensamientos que crees que está teniendo, los sentimientos que la invaden?

Círculo de Mujeres

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Estamos en un momento de cambio. El patriarcado, que durante muchísimo tiempo ha sido la herramienta básica de nuestra sociedad, está siendo cuestionado cada vez más a menudo. Es entonces cuando las mujeres están necesitando re-conectarse con su energía femenina, con su condición natural de emoción, empatía e intuición.

Sin embargo, rodeadas de viejas costumbres, de leyendas como muros de hormigón… muchas veces no sabemos cómo hacerlo. Creemos que el éxito es lo que debemos alcanzar para demostrar nuestra valía en este mundo tan masculino, y en ese camino nos olvidamos de que lo que realmente nos hace ‘valer lo que somos’ es ‘RECONOCER-NOS lo que somos como mujeres’. Y esto solo puede hacerse de mujer a mujer.

Un círculo de mujeres es un espacio donde se unen varias mujeres y se miran directamente al interior. Es un lugar donde no vale ni existe lo que hay en la calle, lo que esperan de nosotras, lo que nos exigimos…, sino lo que cada mujer llevamos dentro. Es un momento en que cada mujer comparte con las demás una recolecta de sensaciones, pensamientos, reflexiones, emociones y descubrimientos sobre sí misma mientras las demás la escuchan con atención sin emitir juicios, valorando y agradeciendo cada una de sus palabras.

Un círculo de mujeres se nutre del amor que nace en una simple mirada profunda, del respeto por quienes son iguales y a la vez diferentes a ti, del sostén que ofrece la red femenina.

En un círculo de mujeres se desarrollan actitudes positivas ante la vida: a no juzgar, a compartir, a tolerar, a respetar, a poner límites, a ser honesta… es curioso lo mucho que nos podemos sorprender cuando comenzamos a abrirnos frente a mujeres desconocidas, y nos damos cuenta de que todas las mujeres tenemos algo importante que nos une, da igual la edad, la profesión, la educación, el origen…

En un círculo de mujeres se pueden organizar las sesiones semanal, quincenal o mensualmente, según la demanda. Los temas a tratar en cada una de las sesiones, aunque pueden estar predeterminados desde un principio, están siempre en consonancia con las necesidades del grupo. Se brinda espacio para la lectura y reflexión, para compartir lo que cada miembro desee y para la realización de actividades y dinámicas en grupo. Los grupos se cierran tras unas primeras sesiones de comienzo, puesto que dentro del grupo crecerá la confianza y la intimidad, y esto merece ser preservado; por lo tanto, una vez cerrado el grupo, no se podrá dar paso a más miembros, sino que se abrirá un nuevo grupo con las personas interesadas.

No necesariamente las mujeres que se unen en un grupo deben estar transitando caminos parecidos puesto que en la diversidad, precisamente, se encuentra la riqueza. El único requisito que debe estar en ti es el deseo de crecer y de compartir. Todo lo demás nace en el grupo de manera natural y espontánea.

Un círculo de mujeres es un rincón donde empezamos a cambiar nuestras vidas desde dentro. Donde nos damos la oportunidad de escucharnos y conocernos. Donde nos valoramos y somos valoradas. Donde damos y recibimos. Donde nos nutrimos, aprendemos y disfrutamos.

Te invito a que conozcas esas sensaciones con nosotras. Si quieres participar, ponte en contacto conmigo pinchando AQUÍ.  Y si tú que me lees, alguna vez has pertenecido a un círculo de mujeres -en cualquiera de sus variantes-, te invito a que me cuentes tu experiencia, para que otras mujeres lo lean.

ERES PARTE DE MI

Haciendo referencia a algo muy importante para todas las mujeres, os dejo esto que escribí hace meses. Espero que os guste.

“Te conocí en un campamento de verano, cuando tenía 13 años. Todas mis amigas del colegio me habían hablado de ti. Cuando al fin te tuve delante, no estaba segura de si nos llevaríamos bien, eras de poco hablar, pero te hacías notar.

Aunque yo te presenté con cierta inseguridad a mi familia, ellos te aceptaron contentos, les gustaste desde el primer momento. Creían que eras una buena influencia para mí, que me harías madurar,  que emprendíamos un camino largo y frondoso. Yo sin embargo…, tenía mis dudas.

Y así empezó nuestra relación: no llegaba a comprenderte, a ratos me hacías daño,  y la mayoría de las veces yo hacía como que tú no estabas ahí. Quizás hasta me avergonzaba de tí y no supe admitirlo. Entiendo ahora, que no debió ser fácil para ti tampoco.

Lo siento, ahora me arrepiento. Yo era una adolescente ingenua, intentando ser una más en el grupo de amigos. Sin embargo, cuando tú venías yo me quedaba en casa, si tú estabas yo me alejaba de la vida social.

Supongo que ahí fue cuando empezaste a sentir quizás desprecio. ¿Te enfadaste? Lo entiendo. La ira se apoderó de ti en algunas ocasiones. Recuerdo varias veces que me hiciste mucho mucho daño. Recuerdo hasta tener que ir al hospital, pero parecía darte igual. Seguías con tu venganza. Yo cada vez te odiaba más, o te temía, no lo sé exactamente.

Empezaste a dejarme tirada, a abandonarme. Sí, varios meses te esperé… y nada. De pronto te presentabas así sin avisar en casa, o en la calle y me pillabas por sorpresa. Intuía tu sonrisa irónica cada vez que me asustabas.

Entonces tomé una decisión que me costó muchísimo: poner un límite entre tú y yo, verte solo para lo justo y lo necesario. Y así fue como durante un año solo nos vimos para cumplir. Ni media palabra más.

Pero no fui capaz de seguir así. Algo me decía en mi interior que eras importante, que todo lo que había ocurrido daba igual y debíamos de reconciliarnos. Así fue como leí algunas cosas para mejorar nuestra comunicación y poder entenderte. Y entonces llegó el momento en que al fin pude mirarte sin rencor y sin avergonzarme: y entonces todo cambió.

Varios meses estuvimos más cerca, tus visitas eran gratas, había feeling entre nosotros y pude empezar a conocerte y a comprender por qué eras así y por qué me hacías sentirme tan diferente.

Y un día, un día de los que habíamos quedado, yo te esperaba y no viniste. Esperé varios días a ver si dabas señales, me estaba preocupando, te llamaba y no contestabas. ¿Te habría pasado algo?

No pude esperar, pregunté por ti a un conocido en común que sabía dónde estabas. Y para grandísima sorpresa mía, me dijo que estabas bien, pero que no ibas a volver en un tiempo.

Te fuiste un mes de octubre y pasó mucho, mucho tiempo. Al tiempo me acostumbré a no tenerte, a no saber de ti, pero mi vida ha cambiado tanto en este tiempo…

Me casé y no estuviste conmigo.

Unos meses más tarde fui mamá. Viniste a verme y estuviste conmigo 25 días, los 25 primeros días de mi maternidad primeriza, donde tanto sufrí y tanto lloré y tanto aprendí, y tú estuviste ahí, todo ese tiempo, acompañándome. GRACIAS.

Después te marchaste, poco a poco, hasta desaparecer de nuevo de mi vida. Me dejaste tan ocupada e inmersa con mi hija en brazos que apenas me di cuenta de tu ausencia. Y de nuevo, en un momento importante para mí, el bautizo de mi hija, apareciste. GRACIAS. Estuviste conmigo todo ese fin de semana, acompañando de nuevo todas esas bonitas vivencias y emociones. Me dijiste que venías para quedarte, que estarías a mi lado mientras yo lo permitiera. Pero mi vida ya había cambiado tanto…yo ya era tan diferente, tenía mis propios planes, mi familia, mis aspiraciones. Y te lo dije claro: no estaba segura si podríamos volver a lo de antes…

Y al final del mes siguiente te compré un billete solo de ida. Necesitaba estar sola y quería seguir adelante sin ti.

Por intriga, volví a preguntar a nuestro amigo en común. En un principio me dijo que no habías cogido el tren y me decepcioné. Pero días después, cuando le insistí, me confirmó que lo habías hecho, te habías ido. GRACIAS. Por respetar mis necesidades y alejarte cuando te lo pedí.

Pasaron 9 meses y fui madre por segunda vez. Viniste a verme de nuevo, esta vez 18 días. No me acordaba que eras tan detallista y ni siquiera pensé en que vendrías. Pero allí estuviste, acompañando de nuevo en esta segunda maternidad. GRACIAS. Has sabido acompañar cuando lo he necesitado, sin necesidad de pedírtelo. Has venido siempre para sacar de mí aquello que era necesario para estar bien.

Pero ya está…allí te despediste con un “hasta que la vida nos junte de nuevo”. Casi ni te hice caso, te fuiste y me quedé tranquila con mi hija pequeña al pecho, envuelta en una nube de enamoramiento en la que nada me importaba más que mis hijas.

Y no he sabido nada más de ti…. hasta HOY. Casi dos años después. 20 de enero de 2014 ¡¡¡HAS VUELTO!!! No has avisado, he terminado de comer y de pronto estabas allí y yo no me lo podía creer. Y entonces me he dado cuenta lo mucho que te he echado de menos. He gritado de alegría. GRACIAS. Gracias por estar de nuevo a mi lado, hasta hoy no he sabido lo realmente importante que eres para mí, lo que significas, lo que me haces sentir.

Sin ti me sentía presa, en una jaula sin salida, como bajo el agua sin poder coger aire, ahogándome sin poder remediarlo. Y hoy cuando te he visto, has sido mi bocanada de aire nuevo, he vuelto a respirar, has abierto la jaula y me has invitado a volar. Ahora que te tengo a mi lado me siento poderosa, capaz y sobre todo con mucho mucho potencial. Ahora me siento capaz de crear, me siento llena de vida.

He renacido contigo. Gracias por llegar. No sé cuando te irás, se que en algún momento desearé que pasen los meses, concretamente 9, sin verte, hasta que vengas a visitarme de nuevo cuando triplique mi maternidad.

Pero hoy te acojo en mí con cariño y añoranza, y esta vez voy a cuidarte, a mimarte y a escucharte cuando estés conmigo. Eres parte de mí. Eres la mujer que hay en mí. Eres el comienzo de un nuevo ciclo.

Eres mi menstruación.”

MANO PLAYA

Maternidad Acompañada

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El sábado 18 de octubre repito mi charla en un local de Alicante que hace meses me cautivó. Es una tienda que se llama Kängu, y que podéis visitar virtualmente en Facebook buscándola por su nombre. Personalmente, la crianza (no solo como educación sino como todo lo que ofrecemos a nuestros hijos) natural y respetuosa es algo que siempre he tenido muy presente. Los portabebés y mochilas ergonómicas, los pañales de tela, la ropa de lactancia y las copas menstruales son algunas de las cosas que allí podéis encontrar. Además, los sábados Arantxa imparte talleres prácticos que te enseñan a disfrutar y a realizar correctamente el porteo de tu bebé, algo que me parece muy interesante.

Por mi parte, me gustaría contribuir a este cálido rincón de Alicante con esta amena charla acerca de la maternidad acompañada.

La maternidad acompañada no debería ser únicamente una maternidad rodeada de personas y/o acontecimientos, sino también una maternidad CONSCIENTE: la de los ojos y el corazón abiertos.
Consciente de quién eres, de lo que os ocurre a ti y a tu cuerpo, a tu hij@, a lo que te rodea. Consciente de las limitaciones, de los recursos; consciente de las opciones, de las alternativas; consciente de tu fuerza y de tu camino.

En esta charla gratuita hablaremos del acompañamiento en la maternidad, de las DOULAS, de las MADRES, y de la importancia de la recuperación de la TRIBU perdida.

Os esperamos con ganas de compartir un rato de reflexiones y experiencias entre todas y todos. Aunque enfocada a la maternidad, los padres también son bienvenidos. Si crees que conoces a alguien a quien pueda interesarle ¡mándale este enlace para que pueda acceder a la información!

Gracias, y hasta pronto.

Virginia.