LACTANCIA, AMENORREA Y NUEVO EMBARAZO.

Algo de lo que no se suele hablar mucho, o que muchas mamás siguen desconociendo, es de la posibilidad de que la lactancia a demanda y prolongada produzca amenorrea en la mujer, es decir, la falta de la menstruación.

Ayer una mamá me consultaba que está deseando quedarse nuevamente embarazada y quería comenzar a hacer un registro de sus ciclos para conocer sus propios patrones de cara a facilitar la concepción, pero no sabía cómo hacerlo puesto que 19 meses después del parto todavía no le ha regresado la menstruación.

Y esto que le pasa a esta mamá es completamente natural. Cuando nuestro bebé mama se segrega una hormona, la prolactina, que se encarga de producir la leche en el pecho. Cuanto más mama nuestro bebé, mayor es el nivel de prolactina que se genera. Este mecanismo sucede para que podamos asegurar una producción suficiente de leche para alimentar a nuestro bebé.

Sin embargo, la prolactina también tiene otros efectos, y uno de ellos es la inhibición del ciclo ovulatorio. La succión de nuestro bebé y la consecuente subida de la prolactina le da a entender a nuestro cuerpo que tenemos una cría aún dependiente de nosotras, que necesita de toda nuestra atención y exclusividad, y la manera que el cuerpo tiene de proteger esta etapa de cuidados intensivos es no permitiendo un nuevo embarazo/nacimiento, que haría que la mamá se encontrara más agotada o tuviera que dedicarse a otro bebé.

El cuerpo de cada mujer es diferente, y a veces la menstruación se reanuda muy pronto tras el parto a pesar de estar con lactancia materna exclusiva. Pero si a ti te ha pasado que muchos meses tras el parto (incluso 1-2 años) sigues dando el pecho y tu menstruación no ha regresado, tranquila, es natural, tu cuerpo está funcionando perfectamente.

Lo que esta mamá además comentaba, es que como su deseo es quedarse nuevamente embarazada y no tiene ciclos ovulatorios, ha empezado a sentir un poco de frustración.

Aquí es donde creo que podemos hacer algunas cosillas que nos ayuden a transitar este momento. Por un lado, decir que aunque el destete produciría un retorno más rápido de la ovulación, no siempre nos apetece terminar una lactancia por este motivo o llegados a este punto. Si tu opción no es destetar, entonces yo te propongo lo siguiente:

La llegada de la menstruación ocurrirá en cualquier momento. Dos semanas antes de tu primera menstruación ocurrirá tu primera ovulación. Si quieres intentar quedarte embarazada en ese primer ciclo, es conveniente que pongas atención en tu cuerpo, aprendas a escucharle y a conocer sus señales.

– Siéntate 5 minutos al día para conectar con tu cuerpo a modo de pequeña meditación: sentirlo, visualizarlo; conecta con tu útero, tus ovarios, visualízalos, así como ahora los sientes. Se trata de tenerlos presentes, de desarrollar la propiocepción en referencia a esta parte de ti, agudizar los sentidos hacia dentro, y estar receptivas a las señales o a los cambios. Puedes aprovechar para tocar, masajear, acariciar desde fuera, mímate y dale las gracias a tu cuerpo por ser, estar y hacer. Mándale un mensaje de amor, de aceptación y confianza: ahora todo está bien, como debe estar, y sabes que cuando sea el momento oportuno tu cuerpo te avisará.

– Anota en tu cuaderno aspectos que aparezcan a lo largo del día: tu estado emocional, sensaciones físicas en la zona de los ovarios (pinchazos, malestar…), cómo es el moco cervical, cómo son tus relaciones sexuales, si sientes el vientre inflamado, la alimentación que llevas, el ejercicio que haces, cómo está tu libido, si sientes estrés, las sensaciones durante la lactancia (si hay malestar en los pezones, si hay agitamiento), o si tienes sensación absoluta de inactividad…, sea la información que sea que te llegue de tu cuerpo, anótalo. Especifica en qué momento del día lo has notado y cuál ha sido la intensidad, puedes calificarlo de 0-10.

– También puedes contar con la ayuda de tiras de ovulación (test de ovulación). Si en algún momento sintieras señales de ovulación, puedes tirar de ellas para corroborar. Aunque su uso no es sencillo del todo. Quizás podamos hacer otro post para hablar de este tema, pues dándoles un uso incorrecto, los test de ovulación pueden crear cierta frustración y malestar. 

Lo más importantes es que vayas desarrollando esa capacidad de escuchar a tu cuerpo, de esta manera las señales las irás identificando con mayor facilidad.

En resumen: sí puedes conocer a tu cuerpo aunque no tengas ciclos ovulatorios, eso sí, se requiere de dedicación, paciencia, aceptación y mucho mucho amor.

¡Disfruta del camino!

El Plan de Parto

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Si algo me sigue asombrando hoy es que la gran mayoría de las madres embarazadas con las que hablo no hayan escuchado nunca hablar de lo que es un plan de parto.

En esta etapa que estamos de cambio, de concienciación y de humanización del parto, hablar del plan de parto es fundamental porque es poner en manos de las madres y las familias una herramienta que les pertenece, pues hace referencia a sus derechos, y que además, es necesaria para contribuir al cambio de conciencia en la atención al parto.

Como bien se explica en la página del Parto es Nuestro:

– Los planes de parto son documentos con valor de consentimiento informado, estando este validado por la Ley 41/2002 de 14 de noviembre, Ley Básica reguladora de la autonomía del paciente. “

– Sirven de “ayuda para el equipo profesional que atiende en el momento del parto”, tal como afirma el Plan de parto y nacimiento del Ministerio de Sanidad.

– han de ser tenidos en cuenta por el equipo médico, y no pueden ser rechazados.

Redactar el plan de parto ayuda no solo a la comunicación con los profesionales de la salud que te atenderán, sino también a que tú, mujer embarazada, te informes de tus derechos y seas parte activa en tu parto, tomando las decisiones que son de tu competencia y fortaleciendo tu confianza, seguridad y bienestar.

Aun así, hay que tener en cuenta que, como bien expone el Ministerio de Sanidad “Un plan de parto no tiene como objetivo planificar el desarrollo del parto y nacimiento. Si surgen circunstancias imprevisibles, el personal sanitario aconsejará la intervención más oportuna, y la realizará tras informar adecuadamente y pedir el consentimiento”.

Entonces: ¿para qué me sirve redactar un plan de parto?

– Te servirá para informarte sobre el proceso y algunos de los procedimientos que vas a vivir el día de tu parto. Esto reducirá tu incertidumbre o inseguridad en gran medida.

– Te permitirá participar en tu parto de manera proactiva, eligiendo lo que deseas o necesitas en cada momento, sintiéndote partícipe de tu propio proceso.

– Aumentará tu bienestar, tu seguridad y confianza, y favorecerá la comunicación con tu pareja y el personal sanitario.

Lo cierto es que cada hospital funciona de una manera, algunos están más abiertos que otros a la recepción y atención de los planes de parto. Sería interesante que durante el segundo o tercer trimestre de tu embarazo te informes en tu hospital sobre el procedimiento de entrega y funcionamiento de este documento.

La cartilla de embarazo de la CV, lleva adjunto un pequeño plan de parto que se puede rellenar y puede servir de orientación en el momento del parto, aunque lo más recomendado es redactarlo de manera personal (con ayuda de ciertos modelos ya existentes) y entregarlo al hospital por lo menos 1 mes antes del parto, para que (dentro de lo posible y si fuera necesario) pueda ser revisado por los profesionales y se pueda comentar con anterioridad.

Recuerda que, dentro de la red pública de hospitales, puedes elegir libremente el hospital donde vas a dar a luz, así que conocerlos previamente para poder elegir el que más se adapta a tus necesidades o deseos, es un punto a tener en cuenta.

Te dejo el enlace de la propuesta del Plan de parto que hace el Ministerio de Sanidad, aunque en internet podéis encontrar otros modelos, y también podéis redactarlos de manera personalizada.

¡Un abrazo!

Cuando el embarazo “se alarga”

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Hoy me apetece escribir sobre el final del embarazo cuando éste supera las 40 semanas. Yo misma he vivido 3 veces esta situación, y lo cierto es que puede hacerse cuesta arriba.

Cuando nos quedamos embarazadas una de las primeras cosas que nos hacen en consulta es calcular nuestra FPP (fecha prevista de parto). La incorrecta interpretación que hacemos de esta fecha es la encargada de generar unas expectativas que no están ajustadas a la realidad y esto puede crear después sentimientos de frustración y ansiedad.

Este error de interpretación suele darse por 2 motivos:

  1. Desconocemos que, en realidad, solo aproximadamente un 4% de los bebés nacen en la FPP
  2. Creemos que las 40 semanas es el tiempo máximo que debe durar un embarazo, cuando en realidad sigue considerándose a término hasta la semana 42.

Cuando mentalmente le ponemos fin a nuestro embarazo con la FPP, en realidad estamos construyendo una expectativa que tiene un porcentaje bajísimo de poder cumplirse, y si no nos preparamos para aquello que pueda suceder de manera alternativa, lo que aumenta es la probabilidad de sentir decepción llegado el momento.

Además se añade que la FPP crea una gran presión social, pues todo el entorno que conoce esta fecha va a estar pendiente de ella y conforme se acerque suelen aparecer frases como “¿pero no ha nacido aún?”, “¿aún sigues entera?” que todavía generan mayor ansiedad en las mamás.

Yo recuerdo cómo me sentía con mis 2 hijos pequeños, que nacieron justo cumpliendo la semana 42. Desde la FPP ya estaba físicamente muy limitada, desde hacía semanas que tenían que ayudarme con mis otros hijos porque sufría de ciática y a penas podía moverme, las noches ya eran complicadas, a penas podía dormir, no encontraba la postura, tenía contracciones… deseaba que mis hijos nacieran ya, y esto no sucedía. A pesar de tener muy claro que el embarazo podía llegar hasta la semana 42 seguía viva en mí esa esperanza de que nacieran antes. Luego mi entorno empezó a preguntarme diariamente si tenía alguna señal, cómo estaba, cuánto me faltaba, si todavía estaba “entera”… la sensación de agobio y frustración comenzó a aparecer.

Y entonces, me puse manos a la obra con varias estrategias de reducción de la ansiedad y la frustración que me apetece compartirte hoy por si acaso te sirvieran.

  1. Hablar con los profesionales que acompañan tu embarazo para saber cuál es el límite de fecha real hasta la que van a esperar a que se produzca el parto. De esta manera vas a poder ajustar no solo tus expectativas, sino también tus deseos, pues cada hospital/profesional tiene un protocolo y tú puedes elegir libremente aquel que te parezca más coherente.
  2. Escribir o hacerle videos a tu bebé contándole cómo te sientes, qué está suponiendo para ti esta etapa, qué cosas estás aprendiendo de la espera, y de qué manera esto está siendo un aprendizaje para ti. Ya desde antes de nacer, nuestros bebés son grandes maestros.
  3. Preparar lo que yo llamo un “rincón oxitocínico” en casa: se trata de escoger un rincón que te guste y decorarlo con cariño, con cositas del bebé (su primera ropita, su arrullo, su cunita), incienso, velas, frases positivas (a tu gusto, por supuesto) y acudir a este rincón cuando lo desees, o sientas que la espera se te hace larga; mirar esa ropa, tocarla, olerla e imaginar allí a tu bebé, hará que se dispare la oxitocina, una gran aliada en esos momentos.
  4. Vivir el presente y cultivar la paciencia. Puedes incorporar el mindfulness a tu rutina diaria si no lo hacías antes. Es un buen momento para empezar. Yo suelo preparar para las mamás una pequeña sesión de hipnoparto o de mindfulness para el embarazo es estas últimas semanas, que pueden escuchar cuando lo necesitan, para conectar con el momento presente, con el bebé, con el agradecimiento, con la aceptación y con el amor.
  5. Haz una lista de actividades que te gustaría hacer justo antes de que tu bebé nazca: sesión de fotos, pasear por algún lugar, comer alguna comida especial, un masaje, una película, pintarte la barriga… haz algo bonito cada día, te va a ayudar a mantenerte activa y sobre todo a disfrutar, que es de lo que se trata.
  6. Si sientes que la presión del exterior es demasiado para ti, quizás es momento de retirarse. Somos mamíferas, y todas las mamíferas se retiran a un lugar solitario y seguro justo antes del parto. Necesitas tranquilidad, calma, confianza, bienestar…
    A veces podemos creer que no nos está afectando la comunicación con el mundo, sin embargo, puede que sí. El whatsapp sonando, las redes sociales que no descansan…
    Yo hubo un día en que decidí ausentarme de la vida online hasta volver con mi hijo en brazos, me despedí de todos, y allí fue cuando realmente conecté con mi bebé, con mi cuerpo, con mi momento…
  7. Apóyate en aquellos con los que convives, comparte tus emociones y pensamientos con ellos, déjate cuidar y ¡pide lo que necesites!
  8. Por último, ábreles la puerta a todas las emociones, no las juzgues ni te fustigues, no eres una máquina, eres una mujer creando vida, esto (además de maravilloso) es agotador y ya llevas 9 meses. Además, la incertidumbre de cómo y cuándo va a suceder el nacimiento puede hacerte sentir insegura o inquieta y esto es totalmente legítimo. Se amable contigo misma y si necesitas apoyo para transitar este momento, no dudes en pedirlo. Estamos aquí para ti y te acompañamos con cariño.

¿Qué otras cosas se te ocurren a ti que puedes hacer para transitar el fin del embarazo con mayor tranquilidad? Nadie mejor que tú sabe lo que necesitas.

Te mando un abrazo grande ¡hasta pronto!

CÓCTEL HORMONAL EN EL PARTO Y EL POSTPARTO INMEDIATO

Las hormonas juegan un importante papel en nuestra vida. Desde incluso antes de nacer, ya estamos recibiéndolas a través del cordón umbilical y segregándolas en nuestro cuerpo.

Tienen muy variadas funciones y algunas también una relación muy estrecha con nuestras emociones y conductas, puesto que pueden influir sobre diversas partes de nuestro cerebro, actuando como neurotransmisores.  

Hoy vamos a centrarnos en el CÓCTEL HORMONAL que se produce en el momento del PARTO Y POSPARTO INMEDIATO.

En el desarrollo natural del PARTO, principalmente intervienen 3 tipos de hormonas:

  • La OXITOCINA
  • La ADRENALINA y CORTISOL
  • Las ENDORFINAS

La OXITOCINA es la llamada “hormona del amor o la felicidad”, actúa sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer: es la que se segrega cuando experimentamos la excitación, el orgasmo,  cuando sentimos amor, y en la creación del vínculo afectivo entre mamás y bebés.

  • En el PARTO tiene un papel fundamental, puesto que se encarga de generar contracciones intensas y frecuentes que faciliten la dilatación y el expulsivo. Además, ayuda a la expulsión de la placenta y a que el útero vuelva a su tamaño original tras el parto.
  • También interfiere en la LACTANCIA siendo quien genera la eyección de la leche tras la estimulación del pezón, ya sea a través de la boca del bebé, como del sacaleches, e incluso a través de otros estímulos sensoriales como escuchar el llanto del bebé, olerle, recordarle, o verle.

Es decir, esta hormona es FUNDAMENTAL para un desarrollo saludable del embarazo, parto y postparto tanto a nivel físico como psicológico, puesto que proporciona a la mujer también empoderamiento, seguridad y confianza que la ayudan a vivir estos procesos con mayor satisfacción.

La ADRENALINA y el CORTISOL son antagonista de la oxitocina, es decir: cuanta más adrenalina y cortisol, menos oxitocina. La segregamos en momentos de estrés, peligro y excitación, y su objetivo es mantenernos alertas y preparados para responder ante cualquier amenaza de una manera rápida y eficaz.

  • En el PARTO, si la mujer se siente incómoda,  intimidada, violentada o amenazada por el entorno, su cuerpo empezará a segregar la adrenalina para parar el proceso del parto hasta que las amenazas desaparezcan. Es el instinto de supervivencia que poseen todos los mamíferos, y que las mujeres humanas también experimentamos.

De ahí la importancia de cuidar el entorno, los estímulos y el trato hacia la mujer de parto y a su vez, que ella misma tenga estrategias de gestión del estrés y del miedo, para conseguir permanecer en un estado de calma favorable.

Las ENDORFINAS son las encargadas del bienestar.

  • A modo de analgésico natural bloquean los receptores del dolor en el cerebro, mitigan el sufrimiento psicológico y generan una sensación de felicidad y calma. Esta hormona en el PARTO se segrega cuando la mujer está relajada, se siente segura, confía en su entorno, en sí misma, cuando está tranquila y disfrutando de la experiencia. Cuantas más endorfinas segregue la mujer en el parto, más gratificante y satisfactoria será su experiencia.
  • Además, en el POSTPARTO INMEDIATO, estas hormonas siguen en el cuerpo de la mamá durante horas e incluso días, de manera que tendrá un efecto directo sobre el vínculo, la lactancia y la salud mental de la madre.  

Por lo tanto, es importante que tanto la mamá como el papá conozcan estos detalles, tomen conciencia de estos factores y trabajen de manera activa a lo largo del embarazo y del parto con estrategias y prácticas que les ayuden a estar tranquilos y afrontar esta etapa con la mayor confianza y bienestar posible.

¿Y CÓMO CONSEGUIR ESTO?

  • Busca apoyo emocional. Comparte con tus seres queridos cómo te sientes o busca ayuda profesional para enfrentar situaciones que consideres necesarias como puedan ser bloqueos, miedos, inseguridades.
  • Escribe. Esto también puede ayudarte a aliviar la carga mental y emocional, y descubrir si hay algo que necesitas atender en mayor profundidad. Puedes hacer un diario del embarazo, escribirle una carta a tu bebé antes de nacer, escribirte una carta a ti misma, escribir cómo te imaginas el parto…
  • Busca el enfoque adaptativo a aquello que te suceda: reflexiona e intenta descifrar qué puedes aprender de ello y de qué manera creces con esa experiencia.
  • Infórmate acerca de los procesos que estás viviendo. Mantén una comunicación fluida con los profesionales que llevan tu embarazo. La información es una herramienta valiosa que te aporta confianza, seguridad y te ayuda a ser partícipe del proceso y las decisiones que debas tomar en el camino.
  • Dedícate, con la mayor frecuencia que puedas, ratos para disfrutar, relajarte y conectar con tu bebé, ya sea a través del deporte, la meditación, la relajación, sesiones de hipnoparto o cualquier actividad que te haga sentir bien.

Esto favorecerá que llegado el momento te sea mas fácil mantener el cóctel hormonal que más os beneficia a ti y a tu bebé.

Si tienes alguna duda, puedes escribirme por privado, te ayudaré en lo que me sea posible con mucho gusto. ¡HASTA PRONTO!

Soy psicóloga, pero además…..

Me formé como doula gracias a matronas, pediatras, psicólogas y ginecólogos que decidieron que la figura de la doula es importante aunque ellos ya existan. Que es una profesión válida, con sentido y libre de existir. No es una profesión INTRUSA porque no realiza funciones para las cuales no tiene un título. Y esto es así de sencillo. Intrusismo es el “ejercicio de actividades profesionales por persona no autorizada para ello”.

Una doula NO realiza actividades sanitarias, no hace tactos, ni ecografías, ni terapias psicológicas, no pone vías ni lanza recetas, no diagnostica ni efectúa tratamientos. En su formación de doula NO ha estudiado nada de eso, ni tiene la titulación, por lo que no es competencia suya y NO LO HACE.

Una doula ha asistido a una formación donde otro tipo de profesionales titulados, le han dado información sobre la mujer embarazada y la reciente mamá, para que conozca y reconozca todo lo que envuelve e invade a una mujer es ese periodo de su vida y pueda ACOMPAÑARLA desde la empatía, el apoyo, la comprensión, el respeto y el amor.

Una doula ha estudiado qué es el ACOMPAÑAMIENTO, eso de ir al lado de una persona, presente, sin influir sobre ella, pero haciendo una labor importantísima de sostén físico y emocional: si tropieza la sostienes, si cae la contienes, pase lo que pase, viva lo que viva estás con ella respetando sus procesos. Cosa que muchos profesionales titulados desconocen y violan ejerciendo su poder constantemente en las consultas.

Una doula se ha formado principalmente en herramientas psicológicas sobre el acompañamiento, y ha estudiado aspectos de la mujer y las etapas del embarazo, el parto y la lactancia para comprender y distinguir los procesos que atraviesa. Porque acompañar sin empatizar, sin entender, sin distinguir, no es acompañar, es solamente ESTAR A SU LADO (literalmente).

Una doula ACOMPAÑA. Cosa que no es tarea fácil: sin influir, sin dirigir, sin recomendar, sin opinar. Con amor, con respeto, con empatía, con mucha conciencia.

¿Alguien me puede decir DONDE ESTÁ EL INTRUSISMO?

El instrusismo está en aquellas doulas que ejerciendo la mala praxis se han salido del acompañamiento, o lo han realizado mal, influenciando, dirigiendo, recomendando, opinando. Al igual que en TODAS las profesiones, existen ciertas personas que no entienden de límites ni de moralidad, y hacen lo que les viene en gana. También hay matronas u otros profesionales intrusos o que ejercen la mala praxis. Que han realizado labores que no les corresponden, que han metido la pata hasta el fondo con mujeres haciendo de “lo que no son” y recomendando barbaridades. Repito, como en TODAS las profesiones.

Aquí el problema NO LO TIENE LA PROFESIÓN, lo tiene aquella persona que dentro de la profesión ejerce la mala praxis. ¿Por qué atacar a la profesión entera?

LA PROFESIÓN DE LAS DOULAS DEBE SER REGULADA Y RECONOCIDA. Para que sea más fácil, todas las doulas deberíamos estar registradas en nuestra actividad. Sería más fácil controlar y penalizar la mala praxis. Como ocurre en el resto de profesiones reconocidas oficialmente.

El problema de hoy tiene dos puntos clave.

UNO: QUE SE CONOZCAN CUALES SON LAS VERDADERAS FUNCIONES DE UNA DOULA (y no cada uno se piense que hacen una cosa, porque no es así). Para que el resto de profesiones se queden tranquilas de que NO les estamos quitando su trabajo, ni queremos ser como ellas sin estudiar su carrera.

DOS: QUE SE REGULE LA PROFESIÓN y se le otorgue el espacio que se merece, ni más ni menos.

Hasta el día en que esto ocurra, yo aconsejo a las mamás que buscan doulas, que lo hagan siempre recomendadas por personas de confianza, o que acudan a la AED (Asociación Española de Doulas) para obtener alguna recomendación. Bueno, les recomiendo que se informen y que no confíen ciegamente EN NINGÚN PROFESIONAL; mejor que sea una confianza basada en el conocimiento del otro, en la relación directa y en la conexión mutua.

España es mucha España, eso lo sabemos todos. ¿Libertad de pensamiento? ¿Libertad de elección? ¿Confianza en los demás? La poca que puede haber nos encargamos nosotros mismos de arrebatárnosla.

Nos controla un materialismo que ni siquiera vemos, un individualismo que no percibimos…

Hay que abrir los ojos un poco más a nosotros mismos, a nuestro interior, a lo que de verdad somos. No a lo que nos han contado que somos, ni a lo que nos han querido convertir.

Creo que cuando una persona conecta consigo mismo desde la Conciencia propia, y no desde la influencia ajena, se manifiesta un cambio. Las doulas, las que de verdad hacen lo que hace una doula, las que están  comprometidas con su labor, con las mujeres que las eligen, las que emplean un gran esfuerzo en su vida por saber acompañar desde la libertad y el respeto (muchas veces luchando contra lo que nos envuelve y lo que nos ha hecho crecer) saben conectar con ellas mismas desde ese punto. Y eso es lo que ha generado este cambio. Esta Revolución, este Caos. Esta Crisis.

Todo esto tenía que llegar, para seguir evolucionando y no quedarnos anclados al sometimiento del poder, del miedo, de la violencia.

MADRE PRESENTE, MADRE CONECTADA.

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Yo, como muchas madres, me paso el día luchando. Lucho por aquello que no tengo pero que quiero darle a mis hijas. Y en mi caso no es material.

¿Cómo conseguirlo? Creo que es un camino personal al que hay que abrir los ojos poco a poco.

Cada madre tiene su historia escrita dentro de sí misma. Partes de esa historia son conocidas, y otras partes no. Pero todas esas partes nos constituyen y nos sostienen en nuestro quehacer y en nuestro sentir de madres el día de hoy.

A veces me encuentro enjaulada en emociones o pensamientos nada productivos, a veces me encuentro atada y parece que intento escapar…, pero no lo consigo.

Hay una parte de mí que conoce y comprende a mis hijas. Hay una parte de mí que no las quiere escuchar.

Hay una parte de mí que conoce y comprende a la madre que soy. Hay una parte de mí que no la quiere escuchar.

Qué “fácil” es educar como si yo misma fuera una niña. Sin madurez, sin responsabilidad, sin conciencia. Pero eso no es educar a mis hijas. Eso es abandonarlas.

Cuando decido educarlas, decido abrir los ojos a mi propia educación. A la que me dieron mis padres, a la que me regaló la vida, a la que yo misma decidí tomar. Decido además mirarla con ojo crítico, conocer otras maneras, otros caminos. Decido escuchar esa voz interna que me recuerda que cuando yo era niña a veces necesité y no obtuve, pues mis hijas ahora me lo dicen a gritos (a veces literal).

Debo estar PRESENTE para ellas. ¿Siempre a su lado? ¿Siempre a su disposición? No. Pero siempre conectada con ellas. Siempre en sintonía, en pensamiento, en deseo, en amor, en esfuerzo, en empatía, en comprensión.

No importa cómo gire el mundo a mi alrededor. Pues cada vez que sucumbo a la seducción del mundo exterior, fallo a la conexión que tengo con mis hijas. Que el momento de maternaje es AHORA. No cuando ellas lleguen a la edad adulta. Que ahora nos une algo tan fuerte y tan valioso para ellas, que es un delito mirar para otro lado. Pues ESO que nos une hoy es lo que quedará en ellas el resto de sus vidas.

Cuando estoy a su lado redactando un mail o recreándome en una red social en mi Smartphone, o cuando la siento a ver televisión para terminar mis tareas. Cuando ceno sentada entre ellas callada, pensando en mis cosas. Cuando tengo prisa por acostarlas para poder ducharme o leer, o tender la ropa.

En cada una de esas situaciones rompo la magia que nos une. En cada una de esas situaciones las dejo solas, vacías.

Ellas necesitan de mí que esté PRESENTE. Que las mire a los ojos, les sonría, les acaricie, piense en ellas. Cada momento para ellas sin mi PRESENCIA es un momento perdido de sus infancias, y es un pozo sin fondo en su adultez.

Y no hablo de que yo no tenga derecho a momentos de intimidad o relax. Claro que los debo tener. No digo que el móvil sea un malvado aparato destruye-vínculos siempre, solo cuando lo uso mal.

Pero no puede pasar un día tras otro en los que en mi vida de adulta no me deje conectar con mis hijas. No debe mi hija acostumbrarse a que su madre siempre esté ocupada en cosas ajenas a ella.

Como adulta sé organizarme, sé hacer esfuerzos, sé superar retos. Ser madre es un continuo de estas cosas.

Como madre debo organizar mi vida de tal manera que el mundo exterior no rompa mi lazo mágico con mis hijas. Nuestra conexión es sagrada.

Como madre debo hacer esfuerzos para estar PRESENTE ante ellas, desde mi interior, cada segundo que pasa. En voluntad, en deseo y en pensamiento.

Como madre debo superar el reto que es en esta vida ser madre siendo niña.

Porque hoy sigo siendo aquella niña que fui, y tengo que superar mi infancia para acompañar de verdad a mis hijas en las suyas.

¿Qué ves en la mirada de la mujer de la imagen? ¿Te atreves a definir los pensamientos que crees que está teniendo, los sentimientos que la invaden?

Círculo de Mujeres

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Estamos en un momento de cambio. El patriarcado, que durante muchísimo tiempo ha sido la herramienta básica de nuestra sociedad, está siendo cuestionado cada vez más a menudo. Es entonces cuando las mujeres están necesitando re-conectarse con su energía femenina, con su condición natural de emoción, empatía e intuición.

Sin embargo, rodeadas de viejas costumbres, de leyendas como muros de hormigón… muchas veces no sabemos cómo hacerlo. Creemos que el éxito es lo que debemos alcanzar para demostrar nuestra valía en este mundo tan masculino, y en ese camino nos olvidamos de que lo que realmente nos hace ‘valer lo que somos’ es ‘RECONOCER-NOS lo que somos como mujeres’. Y esto solo puede hacerse de mujer a mujer.

Un círculo de mujeres es un espacio donde se unen varias mujeres y se miran directamente al interior. Es un lugar donde no vale ni existe lo que hay en la calle, lo que esperan de nosotras, lo que nos exigimos…, sino lo que cada mujer llevamos dentro. Es un momento en que cada mujer comparte con las demás una recolecta de sensaciones, pensamientos, reflexiones, emociones y descubrimientos sobre sí misma mientras las demás la escuchan con atención sin emitir juicios, valorando y agradeciendo cada una de sus palabras.

Un círculo de mujeres se nutre del amor que nace en una simple mirada profunda, del respeto por quienes son iguales y a la vez diferentes a ti, del sostén que ofrece la red femenina.

En un círculo de mujeres se desarrollan actitudes positivas ante la vida: a no juzgar, a compartir, a tolerar, a respetar, a poner límites, a ser honesta… es curioso lo mucho que nos podemos sorprender cuando comenzamos a abrirnos frente a mujeres desconocidas, y nos damos cuenta de que todas las mujeres tenemos algo importante que nos une, da igual la edad, la profesión, la educación, el origen…

En un círculo de mujeres se pueden organizar las sesiones semanal, quincenal o mensualmente, según la demanda. Los temas a tratar en cada una de las sesiones, aunque pueden estar predeterminados desde un principio, están siempre en consonancia con las necesidades del grupo. Se brinda espacio para la lectura y reflexión, para compartir lo que cada miembro desee y para la realización de actividades y dinámicas en grupo. Los grupos se cierran tras unas primeras sesiones de comienzo, puesto que dentro del grupo crecerá la confianza y la intimidad, y esto merece ser preservado; por lo tanto, una vez cerrado el grupo, no se podrá dar paso a más miembros, sino que se abrirá un nuevo grupo con las personas interesadas.

No necesariamente las mujeres que se unen en un grupo deben estar transitando caminos parecidos puesto que en la diversidad, precisamente, se encuentra la riqueza. El único requisito que debe estar en ti es el deseo de crecer y de compartir. Todo lo demás nace en el grupo de manera natural y espontánea.

Un círculo de mujeres es un rincón donde empezamos a cambiar nuestras vidas desde dentro. Donde nos damos la oportunidad de escucharnos y conocernos. Donde nos valoramos y somos valoradas. Donde damos y recibimos. Donde nos nutrimos, aprendemos y disfrutamos.

Te invito a que conozcas esas sensaciones con nosotras. Si quieres participar, ponte en contacto conmigo pinchando AQUÍ.  Y si tú que me lees, alguna vez has pertenecido a un círculo de mujeres -en cualquiera de sus variantes-, te invito a que me cuentes tu experiencia, para que otras mujeres lo lean.

ERES PARTE DE MI

Haciendo referencia a algo muy importante para todas las mujeres, os dejo esto que escribí hace meses. Espero que os guste.

“Te conocí en un campamento de verano, cuando tenía 13 años. Todas mis amigas del colegio me habían hablado de ti. Cuando al fin te tuve delante, no estaba segura de si nos llevaríamos bien, eras de poco hablar, pero te hacías notar.

Aunque yo te presenté con cierta inseguridad a mi familia, ellos te aceptaron contentos, les gustaste desde el primer momento. Creían que eras una buena influencia para mí, que me harías madurar,  que emprendíamos un camino largo y frondoso. Yo sin embargo…, tenía mis dudas.

Y así empezó nuestra relación: no llegaba a comprenderte, a ratos me hacías daño,  y la mayoría de las veces yo hacía como que tú no estabas ahí. Quizás hasta me avergonzaba de tí y no supe admitirlo. Entiendo ahora, que no debió ser fácil para ti tampoco.

Lo siento, ahora me arrepiento. Yo era una adolescente ingenua, intentando ser una más en el grupo de amigos. Sin embargo, cuando tú venías yo me quedaba en casa, si tú estabas yo me alejaba de la vida social.

Supongo que ahí fue cuando empezaste a sentir quizás desprecio. ¿Te enfadaste? Lo entiendo. La ira se apoderó de ti en algunas ocasiones. Recuerdo varias veces que me hiciste mucho mucho daño. Recuerdo hasta tener que ir al hospital, pero parecía darte igual. Seguías con tu venganza. Yo cada vez te odiaba más, o te temía, no lo sé exactamente.

Empezaste a dejarme tirada, a abandonarme. Sí, varios meses te esperé… y nada. De pronto te presentabas así sin avisar en casa, o en la calle y me pillabas por sorpresa. Intuía tu sonrisa irónica cada vez que me asustabas.

Entonces tomé una decisión que me costó muchísimo: poner un límite entre tú y yo, verte solo para lo justo y lo necesario. Y así fue como durante un año solo nos vimos para cumplir. Ni media palabra más.

Pero no fui capaz de seguir así. Algo me decía en mi interior que eras importante, que todo lo que había ocurrido daba igual y debíamos de reconciliarnos. Así fue como leí algunas cosas para mejorar nuestra comunicación y poder entenderte. Y entonces llegó el momento en que al fin pude mirarte sin rencor y sin avergonzarme: y entonces todo cambió.

Varios meses estuvimos más cerca, tus visitas eran gratas, había feeling entre nosotros y pude empezar a conocerte y a comprender por qué eras así y por qué me hacías sentirme tan diferente.

Y un día, un día de los que habíamos quedado, yo te esperaba y no viniste. Esperé varios días a ver si dabas señales, me estaba preocupando, te llamaba y no contestabas. ¿Te habría pasado algo?

No pude esperar, pregunté por ti a un conocido en común que sabía dónde estabas. Y para grandísima sorpresa mía, me dijo que estabas bien, pero que no ibas a volver en un tiempo.

Te fuiste un mes de octubre y pasó mucho, mucho tiempo. Al tiempo me acostumbré a no tenerte, a no saber de ti, pero mi vida ha cambiado tanto en este tiempo…

Me casé y no estuviste conmigo.

Unos meses más tarde fui mamá. Viniste a verme y estuviste conmigo 25 días, los 25 primeros días de mi maternidad primeriza, donde tanto sufrí y tanto lloré y tanto aprendí, y tú estuviste ahí, todo ese tiempo, acompañándome. GRACIAS.

Después te marchaste, poco a poco, hasta desaparecer de nuevo de mi vida. Me dejaste tan ocupada e inmersa con mi hija en brazos que apenas me di cuenta de tu ausencia. Y de nuevo, en un momento importante para mí, el bautizo de mi hija, apareciste. GRACIAS. Estuviste conmigo todo ese fin de semana, acompañando de nuevo todas esas bonitas vivencias y emociones. Me dijiste que venías para quedarte, que estarías a mi lado mientras yo lo permitiera. Pero mi vida ya había cambiado tanto…yo ya era tan diferente, tenía mis propios planes, mi familia, mis aspiraciones. Y te lo dije claro: no estaba segura si podríamos volver a lo de antes…

Y al final del mes siguiente te compré un billete solo de ida. Necesitaba estar sola y quería seguir adelante sin ti.

Por intriga, volví a preguntar a nuestro amigo en común. En un principio me dijo que no habías cogido el tren y me decepcioné. Pero días después, cuando le insistí, me confirmó que lo habías hecho, te habías ido. GRACIAS. Por respetar mis necesidades y alejarte cuando te lo pedí.

Pasaron 9 meses y fui madre por segunda vez. Viniste a verme de nuevo, esta vez 18 días. No me acordaba que eras tan detallista y ni siquiera pensé en que vendrías. Pero allí estuviste, acompañando de nuevo en esta segunda maternidad. GRACIAS. Has sabido acompañar cuando lo he necesitado, sin necesidad de pedírtelo. Has venido siempre para sacar de mí aquello que era necesario para estar bien.

Pero ya está…allí te despediste con un “hasta que la vida nos junte de nuevo”. Casi ni te hice caso, te fuiste y me quedé tranquila con mi hija pequeña al pecho, envuelta en una nube de enamoramiento en la que nada me importaba más que mis hijas.

Y no he sabido nada más de ti…. hasta HOY. Casi dos años después. 20 de enero de 2014 ¡¡¡HAS VUELTO!!! No has avisado, he terminado de comer y de pronto estabas allí y yo no me lo podía creer. Y entonces me he dado cuenta lo mucho que te he echado de menos. He gritado de alegría. GRACIAS. Gracias por estar de nuevo a mi lado, hasta hoy no he sabido lo realmente importante que eres para mí, lo que significas, lo que me haces sentir.

Sin ti me sentía presa, en una jaula sin salida, como bajo el agua sin poder coger aire, ahogándome sin poder remediarlo. Y hoy cuando te he visto, has sido mi bocanada de aire nuevo, he vuelto a respirar, has abierto la jaula y me has invitado a volar. Ahora que te tengo a mi lado me siento poderosa, capaz y sobre todo con mucho mucho potencial. Ahora me siento capaz de crear, me siento llena de vida.

He renacido contigo. Gracias por llegar. No sé cuando te irás, se que en algún momento desearé que pasen los meses, concretamente 9, sin verte, hasta que vengas a visitarme de nuevo cuando triplique mi maternidad.

Pero hoy te acojo en mí con cariño y añoranza, y esta vez voy a cuidarte, a mimarte y a escucharte cuando estés conmigo. Eres parte de mí. Eres la mujer que hay en mí. Eres el comienzo de un nuevo ciclo.

Eres mi menstruación.”

MANO PLAYA