Archivo | septiembre 2014

ERES PARTE DE MI

Haciendo referencia a algo muy importante para todas las mujeres, os dejo esto que escribí hace meses. Espero que os guste.

“Te conocí en un campamento de verano, cuando tenía 13 años. Todas mis amigas del colegio me habían hablado de ti. Cuando al fin te tuve delante, no estaba segura de si nos llevaríamos bien, eras de poco hablar, pero te hacías notar.

Aunque yo te presenté con cierta inseguridad a mi familia, ellos te aceptaron contentos, les gustaste desde el primer momento. Creían que eras una buena influencia para mí, que me harías madurar,  que emprendíamos un camino largo y frondoso. Yo sin embargo…, tenía mis dudas.

Y así empezó nuestra relación: no llegaba a comprenderte, a ratos me hacías daño,  y la mayoría de las veces yo hacía como que tú no estabas ahí. Quizás hasta me avergonzaba de tí y no supe admitirlo. Entiendo ahora, que no debió ser fácil para ti tampoco.

Lo siento, ahora me arrepiento. Yo era una adolescente ingenua, intentando ser una más en el grupo de amigos. Sin embargo, cuando tú venías yo me quedaba en casa, si tú estabas yo me alejaba de la vida social.

Supongo que ahí fue cuando empezaste a sentir quizás desprecio. ¿Te enfadaste? Lo entiendo. La ira se apoderó de ti en algunas ocasiones. Recuerdo varias veces que me hiciste mucho mucho daño. Recuerdo hasta tener que ir al hospital, pero parecía darte igual. Seguías con tu venganza. Yo cada vez te odiaba más, o te temía, no lo sé exactamente.

Empezaste a dejarme tirada, a abandonarme. Sí, varios meses te esperé… y nada. De pronto te presentabas así sin avisar en casa, o en la calle y me pillabas por sorpresa. Intuía tu sonrisa irónica cada vez que me asustabas.

Entonces tomé una decisión que me costó muchísimo: poner un límite entre tú y yo, verte solo para lo justo y lo necesario. Y así fue como durante un año solo nos vimos para cumplir. Ni media palabra más.

Pero no fui capaz de seguir así. Algo me decía en mi interior que eras importante, que todo lo que había ocurrido daba igual y debíamos de reconciliarnos. Así fue como leí algunas cosas para mejorar nuestra comunicación y poder entenderte. Y entonces llegó el momento en que al fin pude mirarte sin rencor y sin avergonzarme: y entonces todo cambió.

Varios meses estuvimos más cerca, tus visitas eran gratas, había feeling entre nosotros y pude empezar a conocerte y a comprender por qué eras así y por qué me hacías sentirme tan diferente.

Y un día, un día de los que habíamos quedado, yo te esperaba y no viniste. Esperé varios días a ver si dabas señales, me estaba preocupando, te llamaba y no contestabas. ¿Te habría pasado algo?

No pude esperar, pregunté por ti a un conocido en común que sabía dónde estabas. Y para grandísima sorpresa mía, me dijo que estabas bien, pero que no ibas a volver en un tiempo.

Te fuiste un mes de octubre y pasó mucho, mucho tiempo. Al tiempo me acostumbré a no tenerte, a no saber de ti, pero mi vida ha cambiado tanto en este tiempo…

Me casé y no estuviste conmigo.

Unos meses más tarde fui mamá. Viniste a verme y estuviste conmigo 25 días, los 25 primeros días de mi maternidad primeriza, donde tanto sufrí y tanto lloré y tanto aprendí, y tú estuviste ahí, todo ese tiempo, acompañándome. GRACIAS.

Después te marchaste, poco a poco, hasta desaparecer de nuevo de mi vida. Me dejaste tan ocupada e inmersa con mi hija en brazos que apenas me di cuenta de tu ausencia. Y de nuevo, en un momento importante para mí, el bautizo de mi hija, apareciste. GRACIAS. Estuviste conmigo todo ese fin de semana, acompañando de nuevo todas esas bonitas vivencias y emociones. Me dijiste que venías para quedarte, que estarías a mi lado mientras yo lo permitiera. Pero mi vida ya había cambiado tanto…yo ya era tan diferente, tenía mis propios planes, mi familia, mis aspiraciones. Y te lo dije claro: no estaba segura si podríamos volver a lo de antes…

Y al final del mes siguiente te compré un billete solo de ida. Necesitaba estar sola y quería seguir adelante sin ti.

Por intriga, volví a preguntar a nuestro amigo en común. En un principio me dijo que no habías cogido el tren y me decepcioné. Pero días después, cuando le insistí, me confirmó que lo habías hecho, te habías ido. GRACIAS. Por respetar mis necesidades y alejarte cuando te lo pedí.

Pasaron 9 meses y fui madre por segunda vez. Viniste a verme de nuevo, esta vez 18 días. No me acordaba que eras tan detallista y ni siquiera pensé en que vendrías. Pero allí estuviste, acompañando de nuevo en esta segunda maternidad. GRACIAS. Has sabido acompañar cuando lo he necesitado, sin necesidad de pedírtelo. Has venido siempre para sacar de mí aquello que era necesario para estar bien.

Pero ya está…allí te despediste con un “hasta que la vida nos junte de nuevo”. Casi ni te hice caso, te fuiste y me quedé tranquila con mi hija pequeña al pecho, envuelta en una nube de enamoramiento en la que nada me importaba más que mis hijas.

Y no he sabido nada más de ti…. hasta HOY. Casi dos años después. 20 de enero de 2014 ¡¡¡HAS VUELTO!!! No has avisado, he terminado de comer y de pronto estabas allí y yo no me lo podía creer. Y entonces me he dado cuenta lo mucho que te he echado de menos. He gritado de alegría. GRACIAS. Gracias por estar de nuevo a mi lado, hasta hoy no he sabido lo realmente importante que eres para mí, lo que significas, lo que me haces sentir.

Sin ti me sentía presa, en una jaula sin salida, como bajo el agua sin poder coger aire, ahogándome sin poder remediarlo. Y hoy cuando te he visto, has sido mi bocanada de aire nuevo, he vuelto a respirar, has abierto la jaula y me has invitado a volar. Ahora que te tengo a mi lado me siento poderosa, capaz y sobre todo con mucho mucho potencial. Ahora me siento capaz de crear, me siento llena de vida.

He renacido contigo. Gracias por llegar. No sé cuando te irás, se que en algún momento desearé que pasen los meses, concretamente 9, sin verte, hasta que vengas a visitarme de nuevo cuando triplique mi maternidad.

Pero hoy te acojo en mí con cariño y añoranza, y esta vez voy a cuidarte, a mimarte y a escucharte cuando estés conmigo. Eres parte de mí. Eres la mujer que hay en mí. Eres el comienzo de un nuevo ciclo.

Eres mi menstruación.”

MANO PLAYA