Archivo | diciembre 2014

MADRE PRESENTE, MADRE CONECTADA.

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Yo, como muchas madres, me paso el día luchando. Lucho por aquello que no tengo pero que quiero darle a mis hijas. Y en mi caso no es material.

¿Cómo conseguirlo? Creo que es un camino personal al que hay que abrir los ojos poco a poco.

Cada madre tiene su historia escrita dentro de sí misma. Partes de esa historia son conocidas, y otras partes no. Pero todas esas partes nos constituyen y nos sostienen en nuestro quehacer y en nuestro sentir de madres el día de hoy.

A veces me encuentro enjaulada en emociones o pensamientos nada productivos, a veces me encuentro atada y parece que intento escapar…, pero no lo consigo.

Hay una parte de mí que conoce y comprende a mis hijas. Hay una parte de mí que no las quiere escuchar.

Hay una parte de mí que conoce y comprende a la madre que soy. Hay una parte de mí que no la quiere escuchar.

Qué “fácil” es educar como si yo misma fuera una niña. Sin madurez, sin responsabilidad, sin conciencia. Pero eso no es educar a mis hijas. Eso es abandonarlas.

Cuando decido educarlas, decido abrir los ojos a mi propia educación. A la que me dieron mis padres, a la que me regaló la vida, a la que yo misma decidí tomar. Decido además mirarla con ojo crítico, conocer otras maneras, otros caminos. Decido escuchar esa voz interna que me recuerda que cuando yo era niña a veces necesité y no obtuve, pues mis hijas ahora me lo dicen a gritos (a veces literal).

Debo estar PRESENTE para ellas. ¿Siempre a su lado? ¿Siempre a su disposición? No. Pero siempre conectada con ellas. Siempre en sintonía, en pensamiento, en deseo, en amor, en esfuerzo, en empatía, en comprensión.

No importa cómo gire el mundo a mi alrededor. Pues cada vez que sucumbo a la seducción del mundo exterior, fallo a la conexión que tengo con mis hijas. Que el momento de maternaje es AHORA. No cuando ellas lleguen a la edad adulta. Que ahora nos une algo tan fuerte y tan valioso para ellas, que es un delito mirar para otro lado. Pues ESO que nos une hoy es lo que quedará en ellas el resto de sus vidas.

Cuando estoy a su lado redactando un mail o recreándome en una red social en mi Smartphone, o cuando la siento a ver televisión para terminar mis tareas. Cuando ceno sentada entre ellas callada, pensando en mis cosas. Cuando tengo prisa por acostarlas para poder ducharme o leer, o tender la ropa.

En cada una de esas situaciones rompo la magia que nos une. En cada una de esas situaciones las dejo solas, vacías.

Ellas necesitan de mí que esté PRESENTE. Que las mire a los ojos, les sonría, les acaricie, piense en ellas. Cada momento para ellas sin mi PRESENCIA es un momento perdido de sus infancias, y es un pozo sin fondo en su adultez.

Y no hablo de que yo no tenga derecho a momentos de intimidad o relax. Claro que los debo tener. No digo que el móvil sea un malvado aparato destruye-vínculos siempre, solo cuando lo uso mal.

Pero no puede pasar un día tras otro en los que en mi vida de adulta no me deje conectar con mis hijas. No debe mi hija acostumbrarse a que su madre siempre esté ocupada en cosas ajenas a ella.

Como adulta sé organizarme, sé hacer esfuerzos, sé superar retos. Ser madre es un continuo de estas cosas.

Como madre debo organizar mi vida de tal manera que el mundo exterior no rompa mi lazo mágico con mis hijas. Nuestra conexión es sagrada.

Como madre debo hacer esfuerzos para estar PRESENTE ante ellas, desde mi interior, cada segundo que pasa. En voluntad, en deseo y en pensamiento.

Como madre debo superar el reto que es en esta vida ser madre siendo niña.

Porque hoy sigo siendo aquella niña que fui, y tengo que superar mi infancia para acompañar de verdad a mis hijas en las suyas.

¿Qué ves en la mirada de la mujer de la imagen? ¿Te atreves a definir los pensamientos que crees que está teniendo, los sentimientos que la invaden?